Maria Percio, escritora sevillana
Trocitos para leer

Un capricho

  Salí de casa más temprano de lo acostumbrado aquel día, tenía que ir a la oficina de correos a recoger mi paquete antes de entrar a trabajar. Sentí que el día amaneciera con niebla, eso impedía que pudiera estrenar el regalo que me había hecho a mi misma por mi cumpleaños.

     Durante toda la mañana, entre tarea y tarea, echaba un vistazo al paquete que descansaba sobre mi escritorio, deseando abrirlo. Había llegado con el tiempo justo y me encontré con tanto trabajo que debía esperar a la hora de la comida para abrirlo si no quería que mi jefe terminara diciéndome algo. Era el típico que había ascendido sin merecerlo y para él cualquier cosa era perder el tiempo.

     A las dos, por fin, logré despegar los ojos de la pantalla de mi ordenador. Sonreí satisfecha y contenta porque aquel día comería con una amiga.

     Llegué caminando hasta el bar en el que habíamos quedado, mirando de vez en cuando hacia el cielo, pensando que el tiempo no me daría tregua.

     Cogí sitio en una mesa cercana a la puerta y tomé asiento. Era el momento de abrir mi paquete.

     Sin cuidado alguno rompí la bolsa, estaba ansiosa, hacía mucho tiempo que no me concedía un capricho y cada vez me alegraba más de haber cedido a aquel impulso. Andaba por la vida sin gafas de sol, me había dado igual porque era invierno, pero los días de sol las echaba de menos.

     Abrí la caja lentamente me sentía totalmente satisfecha con aquella compra, había sido rápida, fácil y en aquel momento de mi vida, emocionante.

     La luz comenzaba a ser más intensa, quizás el dicho popular tuviera razón, mañanita de niebla, tardecita de paseo.

     Había ido a un par de opticas a mirar y probarme cientos de gafas de sol, ya sabía qué tipo me gustaba pero no lograba decidirme. Un par de días antes, tras hablar con un amigo y nombrarme las gafas de sol tipo piloto, recordé que me había probado algún modelo similar, así que decidí buscar en Internet y di con esta tienda. Durante un rato dudé entre unas American Optical Original o unas Randolph Aviator, al final me decidí por las American Optical.

     Sin dudarlo un instante hice mi pedido, me registré en la web para poder finalizarlo, pagué con mi cuenta de Paypal y allí tenía el resultado. Ante mí aquella funda me prometía que en su interior había horas y horas de protección.

     Abrí la funda y aquellas gafas terminaron de encantarme, las había elegido en plata mate con lente gris de52 mm. En realidad yo no hubiese sabido que tamaño elegir, pero llamé a atención al cliente y amablemente me indicaron cuál me vendría mejor.

     Aproveché que el cielo terminaba de despejarse, limpié un poco las gafas con su pequeña gamuza y me las puse.

     Es cierto que todo se ve diferente cuando uno está contento y aquella adquisición me hacía sentir contenta.

     Un momento después llegaba mi amiga, tras su hola, mientras yo me levantaba, pude escuchar “¿Gafas nuevas?”. Sonreí satisfecha, por su cara me quedaban genial, me sentía bien, estaba segura de que allá donde yo fuera, mis gafas vendrían conmigo.

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